Cada vez que yo viajaba a Murcia lo buscaba en la sala de billar del Casino o en la de Lectura y, si era por la tarde, en la terraza del 'Drexco' donde hacía tertulia con sus amigos, tan hartos como él de la grave situación de España, que tanto le dolía. Me decía también que muchas de sus relaciones y contactos ya no estaban en esta vida y que ahora eran sus hijas, Lorena y Mercedes, quienes gestionaban el día a día con los suyos propios.
Sin embargo, Tomás aún me ponía al corriente de todo lo relevante que sucedía en Murcia. Conocía a casi todo el mundo de su época al hacer su vida diaria en la calle. En correspondencia era también muy curioso y me interrogaba sobre política nacional. Pero, era verdad, que sus amigos se le habían ido yendo poco a poco, uno tras otro.
Tomás tenía 76 años y la última vez que estuve con él, entre ingreso e ingreso en el hospital Virgen de la Arrixaca para tratarse intermitentemente de su mal, fue para entregarle uno de los capullos de seda que llevó a sus pies esta Semana Santa el Jesús Nazareno de la Cofradía que saca a la calle a Los Salzillos cada Viernes Santo y que pedí expresamente al cabo de andas para él al acabar la procesión.
Pero Tomás era de toda la vida el Martes Santo nazareno penitente del Cristo del Rescate (su portador durante muchos años y vice Hermano Mayor de la Hermandad en el período 2002-2006) como antes habían sido su padre, su tío, y su hermano Miguel Ángel, primos y ahora hijas y sobrinos, y era habitual verlo llevando el paso de la Virgen de la Fuensanta cuando la subían o bajaban de su santuario en el monte. Ahí estaba siempre entre la primera fila de los caballeros de La Morenica como atestiguan decenas de fotografías de prensa.
Antes fue sardinero y desde siempre se vestía, al igual que sus cinco mujeres, con el traje típico para el Bando de la Huerta. Y por supuesto, socio del Real Murcia. Más murciano, imposible, mi primo Tomás.
Nos dejó esta tarde de domingo sin ruido en su casa de Murcia frente al río Segura. Llevaba varios días con paliativos en su propio domicilio aferrado a la vida más que nada por no dejar solas a su esposa, sus dos hijas y sus dos nietas, Arancha y Sandra.
Hasta que no ha podido más esta suerte de jabato del Valle de Ricote, que ansiaba desde días anteriores descansar ya junto a los restos de su hermano desaparecido en 2011 de la misma enfermedad, con tan solo 56 años meses, después que su madre.
Igualmente también a los 56 años, en 1979, su padre murió de lo mismo, por lo que Tomás se convirtió en el cabeza de familia a todos los efectos con tan solo 29 años, hasta transmutar en referente permanente para sus dos hermanos pequeños, Miguel Ángel y Francisco Javier.
Además Tomás era un icono antropológico del paisanaje en el centro de la ciudad de Murcia en los últimos 55 años. Su silueta y su abundante pelo blanco desde adolescente lo situaban inconfundible entre el mobiliario urbano capitalino en una ruta que va desde su Ronda de Garay hasta la Trapería-Alfonso X y que le servía para ir parando y visitar a diversos parientes durante ese trayecto.
A mi padre, siguiendo la tradición del suyo, iba a verlo a diario en la calle Isidoro de la Cierva hasta poco antes de la llegada del euro. No fallaba ni un solo día.
Propietario agrícola importante en Ulea, pueblo de su madre, integrante de una saga local de gentes de Fé, allí descansará para siempre en su panteón familiar. Este año, por primera vez, no pasará el verano en su retiro de la playa de Mazarrón junto a todas sus nenas.
Agente comercial muy destacado tras pasar por el colegio de los Maristas del Malecón, tenía bastantes clientes en la provincia de Murcia y las colindantes de Albacete, Alicante y Almería, con representaciones de empresas básicamente del norte de España, algunas heredadas de su padre.
Todavía recuerdo cuando muy joven le tuvieron que extirpar el bazo en medio de una gran conmoción familiar para todos nosotros, que solíamos encontrarnos de pequeños los veranos en la casa de sus padres en la playa de Santa Pola, antes de la del Pinet.
Tardó en casarse tras encontrar con acierto esposa en el ámbito profesional en el que se movía aunque la conocía de mucho antes por compañera en una academia de repaso para bachilleres. Mercedes, con 13 años, ya se había fijado en Tomás y todo concluyó años después en boda y en las niñas.
Tomás era fijo en el cartel de los grandes acontecimientos familiares. Siempre llegaba de los primeros y se marchaba de los últimos. Pero no faltaba nunca. Ahora sin Tomás seguro que nada será igual.
Claro que te vamos a echar de menos, primo. Eras una bola incandescente de todo amor.


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