MURCIA.- Juan Cuenca, ingresado en prisión por el
asesinato de la jugadora de voleibol Ingrid Visser y su pareja Ludewijk
Severin, se declaró inocente del crimen y explicó a la Policía que el
empresario y ex presidente del Club Voleibol Murcia 2005, Evedasto
Lifante, podía estar relacionado con el crimen, aunque reconoció que él
no tenía conocimiento de que el pedáneo de Barinas pretendiera matar al
holandés.
Cuenca hizo estas declaraciones ante los agentes de Policía
Nacional en la Jefatura Superior de Policía de Murcia el 27 de mayo, dos
días después de su detención. La primera declaración tuvo lugar
precisamente el 25 de mayo, a la que acudió voluntariamente tras ser
llamado por la Policía, y en la que dijo no tener conocimiento de
negocios entre Severin y Lifante (en la imagen), a excepción del dinero que el
asesinado reclamaba al empresario por la deuda que tenía contraída con
Visser, ex jugadora del equipo.
Según el sumario del caso,
Cuenca dijo a la Policía que Severin y Lifante "tenían problemas en los
negocios" y que iban a intentar resolverlos en la reunión prevista para
el 13 de mayo de 2013.
Cuenca reconoció que Severin le había pedido organizar ese
encuentro, en el que supuestamente se produjo el asesinato de la pareja
de holandeses. El objetivo, según explicó a la Policía, era "solucionar
problemas de negocios" entre Lifante y el propio Severin.
No obstante, Cuenca dijo a los agentes que él no tenía
conocimiento de quienes se iban a reunir, y que pensaba que el único
requisito es que fuera en un lugar discreto de Murcia. Para organizar el
encuentro, el ahora detenido llamó a una amiga suya llamada Rosa
--María Rosa Vázquez, también imputada--, para que buscara y alquilara
una casa rural y tuviera preparado un coche de alquiler que, finalmente,
no fue necesario.
El mismo lunes, 13 de mayo, Cuenca viajó de Valencia a Murcia
acompañado por Valentin y Constantin, también imputados y en prisión por
el asesinato de los holandeses. Cuenca dijo a la Policía que conoció a
estos ciudadanos rumanos dos meses antes, a través de un tal 'Manuel',
que se los presentó por un negocio relacionado con mosaicos y cuadros
antiguos.
Cuenca dijo a la Policía que los dos rumanos se presentaron y le
dijeron directamente que iban a acudir con él a la reunión, sin darle
más explicaciones. "Este tipo de cosas son habituales con Evedasto",
justificó ante los agentes que le interrogaban, y negó saber la relación
que mantenían con Lifante.
En cualquier caso, Cuenca llegó a la conclusión de que iban de
parte de Lifante "una vez que supo todo lo que ocurrió en esa cita", lo
que le dio a entender que era "evidente" que no iban de parte de
Severin.
Cuenca contó a la Policía que fue su amiga Rosa la que les llevó
en coche a la casa rural en la que estaba concertado el encuentro y que,
de camino, pararon en una tienda de 'chinos' en Molina de Segura, donde
los rumanos entraron a comprar productos de limpieza, tales como un
cubo, lejía, bolsas de basura y salfumán.
Posteriormente, siempre según el testimonio de Cuenca ante la
Policía, Rosa les dejó en la casa rural y se marchó a recoger a Severin y
a Visser. Una vez todos en la casa rural, Cuenca saludó a la pareja de
holandeses y cruzaron unas palabras en presencia de los rumanos.
A continuación, Cuenca explicó a la Policía que él se marchó de la
casa, no sin antes percibir que la pareja de holandeses y los rumanos
se saludaron de manera "normal", aunque dedujo que no se conocían de
antes.
Según su declaración, Cuenca recibió mensajes y llamadas de
Constantin y de Valentin el mismo lunes y el martes, 14 de mayo,
diciéndole que se encontraban allí y pidiéndole que se pasara a
recogerlos. Cuenca se negó porque su tarea "solo era la de concertar la
cita" y no la de recoger a los rumanos.
Sin embargo, Cuenca acudió finalmente el miércoles 15 de mayo a la
casa rural donde, según su testimonio, se encontró los cuerpos sin vida
de Visser y de Severin "tirados en el suelo, cubiertos por una manta o
un mantel". Los rumanos le dijeron que les habían "jodido" y "mira en lo
que estamos metidos", añadiendo que había que llevar los cuerpos al
huerto de Serafín --Serafín Alba Luis, también imputado en los hechos--.
"Nos han dicho que tenemos que ir al huerto de Serafín", declararon los
rumanos, según Cuenca.
Cuenca, que dijo a la Policía que en ese momento se encontraba
"bastante nervioso y agotado", relata cómo los rumanos introdujeron en
su coche dos cubos de basura y dos mantas enrolladas. Así, dijo que no
avisó a la Policía "por miedo a la situación y por miedo de las
consecuencias físicas a su persona".
A continuación, según Cuenca, se puso en contacto con Serafín y le
contó lo sucedido, diciéndole que no había "más remedio" que realizar
el enterramiento en su parcela. Al parecer, según el mismo testimonio,
Serafín estaba al corriente "de las presiones que sufría "por parte de
Lifante y del propio Severin".
Cuenca suponía que el motivo de enterrar los cuerpos en esta finca
era "incriminar a Serafín y relacionarle a él en los hechos". Así,
reconoce que, en su momento, Lifante pidió al propietario del huerto que
"cometiera ilegalidades en el desempeño de su puesto como funcionario
de Hacienda, debido a problemas que Evedasto tenía con la Hacienda
Pública por delito fiscal", y por el que se pedía una pena de "seis o
siete años". Sin embargo, Serafín se negó.
Tras "limpiar los asientos traseros del vehículo, que estaban
manchados de tierra o cemento", Cuenca dijo que volvió a Valencia, pero
que no perdió el contacto con la pareja de rumanos. De hecho, contó a la
Policía que no dejó de relacionarse ni con ellos ni con nadie "debido
al miedo" que le generaba la situación.
Cuenca explicó a la Policía que sentía miedo porque estaba
recibiendo llamadas y mensajes "amenazantes" por parte de Evedasto y, a
su vez, por parte de Severin, quien le llegó a enviar una foto de una
pistola con el mensaje '¿bonita?', que interpretó como una "amenaza
directa". Antes del asesinato, Cuenca dijo que temía más a Lifante, pero
a partir de recibir este correo electrónico de Severin, los temía "por
igual".
Además, Cuenca manifiesta que Evedasto le mandó en una ocasión un
mensaje de móvil diciéndole: 'el lunes tendrás todo lo que te mereces'.
Igualmente, Cuenca admitió que guardaba documentación sobre Lifante en
un disco duro, y que llegó a decirle al empresario de Barinas que, si le
pasaba algo, toda esa información saldría a la luz.
En este sentido, Cuenca cuenta que recibió la advertencia de un
intermediario de Lifante que le dijo que se estaba "equivocando",
haciéndole ver que no debía utilizar toda la información contra el
pedáneo de Barinas.
Al parecer, cuando María Rosa Vázquez se enteró por las noticias
de la desaparición de Visser y de Severin, se puso en contacto con
Cuenca y, según sus declaraciones, no mencionaron la muerte de la pareja
de holandeses de manera explícita, aunque "se dio por supuesto".
Por lo demás, Cuenca declara a la Policía que ignora todos los
detalles de la reunión del 13 de mayo, de cómo fallecieron los
holandeses, de quién fue el autor del asesinato, cuándo se produjo y qué arma utilizaron.
Sin embargo, Juan Cuenca, ingresado en prisión por el asesinato de la
jugadora de voleibol Ingrid Visser y su pareja Ludewijk Severin, dijo en
su primera declaración en la Jefatura Superior de Policía de Murcia que
no tenía conocimiento de ningún negocio entre el propietario del
desaparecido Club Voleibol Murcia, Evedasto Lifante, y el propio
Severín, a excepción del dinero que el asesinado reclamaba al empresario
por la deuda que tenía contraída con Visser, ex jugadora del equipo.
Cuenca, quien acudió voluntariamente a Comisaría tras ser citado
telefónicamente y solo un día después de declarar en la Jefatura
Superior de Policía de Valencia, contó a los agentes que se reunía con
Severín a solas, pero que el holandés le reveló que mantenía encuentros
en Alicante con determinadas personas para obtener financiación con la
que liberar el dinero invertido en una 'carta bancaria de garantía' en
Venezuela.
Asimismo, dijo a los agentes que no tenía constancia de que
Severin hubiera intermediado entre Lifante y unos posibles acreedores.
Es más, dijo a los agentes que "le extrañaría" que hubiera existido y
que Severin, en cualquier caso, "no se lo hubiera comentado", según
aparece recogido en el sumario.
Al ser preguntado por una posible relación de Lifante con rusos,
Cuenca advirtió que no conocía la existencia de ninguna relación de esta
naturaleza. Sin embargo, sí que reconoció que Evedasto decía que tenía
un socio en un local, que era de nacionalidad serbia o croata, y que tuvo
que irse de España. Cuenca relata que Evedasto se refería a este
individuo como un hombre "influyente, con capacidad para resolver
problemas de cualquier manera".
Además, Cuenca reveló que Evedasto "siempre ha tenido contactos a
nivel internacional y que ha sacado mucho dinero del país, actuando en
ocasiones el propio Cuenca como correo de ese dinero a solicitud del
propio Lifante".
Cuenca declaró que Evedasto era su jefe, como presidente del Club
Voleibol durante el tiempo que permaneció en Murcia, pero terminó la
relación con él debido a los impagos de Lifante en octubre de 2011,
fecha en la que se marchó de Murcia. No obstante, admitió que
posteriormente contactó con el empresario de Barinas y los últimos
contactos los mantuvo cinco o seis meses antes.
En concreto, Cuenca afirma que Evedasto contactó con él para
convencerle de que hablara con las exjugadoras del club "para
convencerlas de que firmaran que una de ellas había fichado por un
contrato de un millón de euros, cuando el contrato real había sido por
200.000 euros".
Y es que "por esa defraudación, Evedasto tenía un problema con
Hacienda, que había iniciado un expediente para investigar dicho
fraude", según Cuenca, que según contó a la Policía se había negado a la
petición de Evedasto.
Cuenca también negó a la Policía que recibiera alguna cantidad de
dinero por parte de Evedasto para pagar a las jugadoras, aunque
reconoció que recibió alguna cantidad en metálico de S.M., pero que lo
aplicó "a los pagos del club a que estaba destinado".
En este sentido y a preguntas de los agentes, Cuenca explicó que
S.M. era una persona que Lifante llevó al club "como inversor" y que
estuvo realizando multitud de pagos al club y a otros fines personales
de Evedasto y a inversiones en el extranjero a través de las cartas
bancarias de garantía".
En este sentido, puntualizó que Lifante había generado una deuda
con S.M. de unos ocho millones de euros y a la que el propio pedáneo de
Barinas respondió "cediéndole 'el monte'". En concreto, esta operación
consistió en cederle una parcela colindante con la cantera de mármol
propiedad de Lifante.
Al ser preguntado por el problema de Lifante con Hacienda en
relación con su cantera, Cuenca dijo a los agentes que el origen surgió
de unas operaciones de compraventa de la cantera entre Evedasto y J.R.C.
por las cuales "no se pagaron los impuestos correspondientes,
generándose una deuda de unos 5 ò 6 millones que dieron lugar a un
embargo de la cantera".
Añadió que J.R.C. obtuvo 169 millones de euros de una entidad
financiera y una hipoteca de 92 millones que se pagó en el plazo de un
año, y que todo este dinero "supuestamente procedía de la especulación"
con las acciones de una empresa constructora.
"J.R.C. se quedó con el 100 por cien de la cantera y,
posteriormente, Evedasto le devolvió parte del dinero prestado", por lo
que le fue cedido "el 80 por ciento" de la propiedad. De este modo, el
pedáneo de Barinas "tenía el 100 por cien del usufructo de la cantera,
aunque a efectos registrales no constan correctamente dichas
proporciones", aseveró.
Por ese impago de impuestos, Hacienda reclamaba a través de un procedimiento judicial 6 ó 7 años de prisión, según Cuenca.
Al ser preguntado por el coste de la cantera, Cuenca explicó a los
agentes que Evedasto quería cobrar por ella unos 200 ó 300 millones de
euros, pero que él sabía, según una primera valoración, que "el valor
era de unos 60 millones de euros".