jueves, 4 de noviembre de 2010

Arrebato social en Francia / Ignacio Ramonet

No es una sorpresa. Desde hace más de dos siglos, la protesta está en el código genético político de la sociedad francesa. Además de ser derechos constitucionales, la manifestación callejera y la huelga constituyen modos naturales de ejercer la plena ciudadanía. Cada nueva generación considera que participar en los cíclicos arrebatos de cólera social es un rito de paso para acceder a la mayoría de edad democrática. 

Esta vez, el detonante de la crisis ha sido el presidente francés. Desacreditado y enfangado en varios hediondos escándalos, obcecado por el FMI y las agencias de calificación, Nicolas Sarkozy se muestra sordo a las quejas del pueblo y pretende demoler una de las joyas principales del Estado de bienestar: el derecho a jubilarse a los 60 años. 

Conquistado tras decenios de enfrentamientos, este avance social es percibido, en el imaginario colectivo, como un totem intocable. Sarkozy -que, en 2008, prometió respetarlo- ha subestimado el apego de los ciudadanos a ese derecho. Y aprovechando el choque causado por la crisis, desea imponer una reforma que retrasa la edad legal de jubilación de los 60 a los 62 años, amplía el periodo de pago de cotizaciones a 41,5 años y retrasa la edad para cobrar una pensión completa de los 65 a los 67 años. 


Algunos creen que, en realidad, Sarkozy quiere romper el régimen público de jubilación por repartición, basado en la solidaridad entre las generaciones, y sustituirlo por un régimen privado que representaría un mercado de entre 40.000 y 100.000 millones de euros. Denuncian que la compañía de seguros que más se beneficiaría de ello es el grupo Malakoff Médéric cuyo consejero delegado es... Guillaume Sarkozy, el hermano del Presidente. 

La reacción de los principales sindicatos es unánime. Sin rechazarla en totalidad, reclaman modificaciones argumentando que el coste de la reforma recaerá esencialmente sobre los asalariados, vapuleados ya por la crisis, y que ello agravará las desigualdades. Organizaron varias jornadas de movilización antes del verano. Pero el Gobierno, en una actitud prepotente, mantuvo su rechazo de negociar. 

Grave error. Con la vuelta al trabajo, en septiembre, se reunieron asambleas generales en centenares de empresas y administraciones. Los asalariados confirmaron su decisión de no dar "ni un paso atrás". Convencidos que si se cedía en algo tan sagrado como la jubilación a los 60 años, se les vendría encima una avalancha de nuevos recortes en la Seguridad Social, la sanidad, la educación y los servicios públicos. 

Estas asambleas demostraron que las direcciones sindicales eran mucho menos radicales que sus bases exasperadas por los constantes retrocesos sociales. Inmediatamente, regueros de acciones colectivas se extendieron por todo el país; millones de personas se echaron a la calle; la huelga popular prolongada entorpeció el funcionamiento de los transportes; algunas ciudades, como Marsella, quedaron paralizadas... A medida que se repiten las jornadas de acción, nuevas categorías sociales se van sumando a una protesta que adopta expresiones inéditas. 

Lo más original es el bloqueo de las refinerías y los depósitos de carburante. Lo más notable es la masiva incorporación de los estudiantes de secundaria. Algunos imaginaban a esta "generación Facebook" ensimismada y autista, pero su energía contestataria reveló su angustia frente al derrumbe del futuro... Y su temor a que, por vez primera desde 1945, si nada cambia, le toque vivir en peores condiciones que sus padres. El nuevo modelo neoliberal destroza el ascensor social... 

La protesta cristaliza un malestar social profundo y una suma de descontentos acumulados: desempleo, precariedad, pobreza (hay ocho millones de pobres), dureza de la vida diaria... Ya no es sólo un asunto de pensiones sino una batalla por otro modelo social.

Lo más significativo es el apoyo popular, entre el 60% y el 70% de los franceses aprueba la protesta. Nadie acaba de entender cómo la Francia arruinada de 1945 pudo costear el Estado de bienestar, y la Francia de hoy, quinta potencia económica mundial, es incapaz de hacerlo. Nunca ha habido tanta riqueza. 

Los cinco principales bancos franceses obtuvieron, en 2009, unas ganancias de 11.000 millones de euros. Y las cuarenta principales empresas obtuvieron, ese mismo año, beneficios de 47.000 millones de euros.... ¿Por qué no gravar, en provecho de los pensionistas, tan cuantiosos capitales? La Comisión Europea estima que una pequeña tasa sobre las transacciones financieras aportaría al conjunto de los Estados de la Unión Europea, cada año, entre 145.000 y 372.000 millones de euros... Más que suficiente para pagar el aumento de los sistemas de pensiones. 

Pero el dogma neoliberal exige que se exonere el capital y se ajusten más los salarios. De ahí el pulso actual en Francia. La sensación general es que ninguno de los dos antagonistas puede transigir. Las organizaciones sindicales, empujadas por una corriente de radicalización, siguen unidas después de varios meses de ofensiva. Ceder constituiría un fracaso semejante al de los mineros británicos en 1985 frente a Margaret Thatcher. Lo que significó el fin de la resistencia obrera en el Reino Unido y abrió la puerta a las "terapias de choque" ultraliberales. 

Nicolas Sarkozy cuenta con el apoyo de la Unión Europea (1), del FMI, de la banca y del empresariado europeo(2) temeroso de que la "chispa francesa" incendie la pradera social del continente. El abandono de su reforma le condenaría a la derrota electoral en 2012. 

La historia social francesa enseña que cuando una protesta ha ido tan lejos como la actual, jamás se ha desinflado. Siempre ha vencido.

Notas:
(1) El Consejo Europeo, en Barcelona, en marzo de 2002, recomendó: "Para 2010 deberá intentarse elevar progresivamente en torno a cinco años la edad media en que se produzca el cese efectivo de actividad de las personas en la Unión Europea".
(2) En España, el presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, defiende como "imprescindible y aconsejable", la subida de "la edad de jubilación a los 70 años". Añade que "los asalariados deben trabajar más y, desgraciadamente, ganar menos". Pide ampliar el periodo de cálculo de la pensión a "toda la vida laboral", y que los ciudadanos se hagan "pensiones privadas". Europa Press, 26 de julio de 2010 y ABC, Madrid, 15 de octubre de 2010.

Fulgencio Egea, candidato a Primarias de UPyD en Cartagena, pide a los ciudadanos que se involucren

CARTAGENA.- El cartagenero Fulgencio Egea, candidato a las Primarias de UPyD en el municipio portuario, que se celebrarán el próximo sábado, 6 de noviembre, hace un llamamiento a ciudadanos para que "se involucren en el gobierno de la ciudad".

   El objetivo, continúo, "es que vuelvan a interesarse por la política, que no se queden en casa ni permitan que puedan continuar los 'políticos profesionales' que nos han llevado a esta situación" de crisis y desamparo.
   Y es que los afiliados de UPyD-Cartagena elegirán el próximo día 6, mediante un proceso de elecciones primarias sin avales, al que encabezará la lista de la formación para las próximas elecciones municipales de 2011.
   En dichas Primarias podrá presentarse cualquier afiliado sin ningún tipo de aval.
   El reglamento contempla la celebración de Primarias aun en los municipios, o comunidades, en los que se presente un solo candidato. Éste tendría que obtener, al menos, la mitad más uno de los votos emitidos.
   Desde UPyD se ha defendido el proceso de Primarias como método para elegir candidatos porque una parte del desapego que hay entre los ciudadanos, la política y los partidos políticos "se corrige", no sólo cambiando la ley electoral, sino, explican, "abriendo los partidos a todos los militantes para que puedan participar en la elección de aquellos candidatos que van a proponer para que sean elegidos por los ciudadanos".

Los trabajadores de 'Halcón Food' comienzan a 'cantar la gallina' sobre un dinero público desaparecido

MURCIA.- Cerca de un centenar de trabajadores de Halcon Foods se han concentrado hoy a las puertas del Palacio de San Esteban para pedir una solución y responsabilidades del dinero perdido y el trabajo no dado. Posteriormente, se han trasladado hasta la Consejería de Universidad, Empresa e Investigación, y al Instituto de Fomento (Info), donde tenía lugar una reunión entre alcaldes de los municipios de Campos del Río, Albudeite y Mula, representantes de la Federación Agroalimentaria de UGT Murcia y responsables de este organismo. 

    Una vez concluida la reunión, el director y subdirector del Info, Juan José Beltrán y Francisco Fuentes, respectivamente, han explicado a los trabajadores que han solicitado una extensa documentación a la empresa que, al parecer, ha sido aportada en su mayoría y que en estos momentos está siendo estudiada por los técnicos del Instituto.
   De igual forma, han anunciado que hay un inversor interesado en entrar a formar parte, junto con el actual propietario de Halcon (Mediterra) y que "esta sería una buena salida, aunque quedaría a expensas de la presentación de un Plan de Viabilidad responsable y que se pudiera cumplir en todos sus puntos para asegurar  la estabilidad de los puestos de trabajo que, hoy por hoy, peligran".
   En concreto, según han informado fuentes del sindicato UGT en comunicado de prensa, esta operación pasaría por la fusión de Halcón y Cofrusa.
   Asimismo, han explicado que esta posibilidad, en la que están trabajando, es en estos momentos la única vía y que, hasta agotar  todas las opciones de solucionar la situación mediante la fusión de ambas empresas y la entrada del posible inversor no se buscarán otras soluciones.
   Los trabajadores de Halcon Foods (adquirida en mayo de 2009 por Mediterra, socio de Cofrusa), se encuentran en huelga indefinida desde ayer como protesta por la gestión realizada con el aval del Gobierno regional y el dinero aportado por las entidades bancarias al actual propietario para reflotar la empresa y mantener puestos de trabajo y cuyo destino no ha sido justificado, a la par que, en 18 meses, han trabajado una media de 40 días.

Historia de una entrevista histórica en Carabanchel Bajo / Francisco Poveda


El franquismo fue generador de mitos muertos, algunos de ellos ídolos falsos. Pero otros vivos,  sumamente atractivos para un periodista en ciernes, como el que ya comenzaba a ser un obrero singular, luchador por la libertad y verdadero lider sindical en prisión, una especie de Mandela a la española por todos los años vividos en cautividad y en el exilio menos glamouroso del norte de África. "Soy un hombre normal, creo en los pueblos, digamos que soy un símbolo al conocerse el por qué de mi vida y mi proyección internacional", tenía interés en dejar claro nuestro hombre antes de empezar la entrevista.

Era enero de 1975 y los jóvenes dirigentes del franquismo en su estertor ya veían la necesidad de un pacto político con la Oposición democrática emergente para salvar los muebles con la reforma del sistema. Los indultos se sucedían para preparar el terreno y de ellos se benefició un maduro obrero soriano, de La Rasa de Osma, con 57 años, llamado Marcelino Camacho Abad y con cierta aureola de indomable porque nadie conseguía doblarlo, ni doblegarlo, ni domesticarlo. "La derecha me respeta por mi trayectoria vital y el prestigio que significa, pero no me mima, más bien me desprestigia con noticias falsas", se quejaba.

No obstante su salida de la cárcel, el Régimen no lo quería por ahí suelto haciendo proselitismo entre los oprimidos y le impuso un silencio público que tentaba a intentar que no fuera absoluto. Con la ayuda de mi hermano Miguel, estudiante de Sociología en la Complutense, miembro de las JJSS y con buenos contactos en un PCE aún en la clandestinidad relativa, utilizamos como cauce a José Antonio Moral Santín, un joven profesor comunista de la Facultad de Ciencias Políticas  (actualmente catedrático y consejero de Caja Madrid) por su condición de responsable de Economía en la dirección comunista del interior.

En Murcia (pensaba alojarse en casa de un compañero de la HOAC) y Valencia se programaron pronto unas conferencias por parte de sindicalistas en la sombra y opositores, que finalmente fueron suspendidas por la autoridad gubernativa. Era enero de 1975 y a Franco le quedaba menos de un año de vida, por lo que su gente necesitaba ser algo aperturista so pena de perecer en el tránsito. La libertad de prensa era, pues, una de las pocas avanzadillas efectivas para la posterior transición aunque tuviese ciertas limitaciones de autocensura.

Confieso que aproveché la rendija y me planté en casa de Marcelino Camacho, no más de 60 m2, en el madrileño barrio de Carabanchel Bajo, en la fecha  y hora convenida a través del Comité Central del PCE, creo recordar que el sábado 17 de enero a las 10 de la mañana.

Al llegar solo estaba su esposa Josefina (una pantalonera, almeriense de Fondón, 1927, en La Alpujarra, emigrante a los 4 años, a la que había conocido durante su exilio de catorce, primero en el Marruecos francés, 1943, y Orán, 1944-1957.  Se casó en Argelia en 1948 con  su compañera de toda la vida, Josefina Samper Rosas, afiliada a las JSU, una mujer como él e hija de minero emigrado, que luego popularizó sus característicos jerséis de lana gruesa) pero ni Marcelino ni ninguno de sus dos hijos, Marce y Yenia, adolescentes en aquella época, me estaban esperando.

Al poco apareció ante mí el mito en carne mortal y con uno de sus caracteríscos jerseys de cuello vuelto tricotados por Josefina para su esposo, internado hasta hacía bien poco en la tercera galería de la cercana y tristemente célebre cárcel de Carabanchel. Venía de comprar el 'Ya',  su periódico de cabecera, aunque también el 'Arriba" para "ver como respira el Régimen y como se mete conmigo en sus editoriales", decía algo resignado.

Recuerdo que irradiaba una personalidad especial aquella mañana para la primera entrevista periodística en la libertad (la segunda se la hizo días después la agencia soviética de noticias Tass a través de su corresponsal en Madrid), publicada justo a la semana, domingo 27 de enero de 1975, en la contraportada de todas las ediciones del diario 'La Verdad' gracias al talante inequívoco de su entonces director Juan Francisco Sardaña Fabiani, un joven valenciano de origen sardo, salido de la militancia católica y cargado de hijos.

La casa, limpia y recogida, típica de los años 60 en la periferia madrileña, era más que modesta en un clásico barrio obrero. Tenía cuatro alturas el edificio pero carecía de ascensor. Creo recordar que los Camacho-Samper vivían en el 3º izquierda (¡como no!). Marcelino la tenía llena de los libros que, por encargo,  le había ido comprando Josefina para ir formándose e instruyéndose durante los largos días de cárcel en varias etapas.

 Nos sentamos en un pequeño despacho-biblioteca, soleado pese a los visillos y acogedor, donde su esposa nos sirvió un frugal desayuno a base de café con leche y magdalenas, solo interrumpido por las llamadas telefónicas de otros periodistas con menos suerte que yo.

Marcelino no quería ser un superstar ("que lo sea la clase obrera aunque yo sea su cara") tras cobrar mucha actualidad. Ni se consideraba un mito o algo parecido. "Todo el mundo me respeta porque mi vida ha sido una lucha constante pero no soy un mito aunque la realidad haya que expresarla con nombres concretos y la derecha quiera desprestigiarme".

La lucha sindicalista volvió a llevar a Camacho a la cárcel en 1966, cuando trabajaba como tornero-fresador en 'Perkins Hispania', donde retomó su trabajo sindicalista, él que pudo haber acabado en un seminario de la mano del párroco de su pueblo en vez de dedicarse a sabotear los transportes del bando nacional durante la guerra. Un arrebatador impulso reivindicativo -conocido desde su liderazgo en la fábrica de la Perkins, luego 'Motor Ibérica'- le llevó a pasar muchos años en prisión. Pagó muy cara su dedicación a la lucha por la democracia y para que los trabajadores españoles tuvieran una vida digna.

Porque de nuevo volvió a prisión en 1967 y 1972; esta vez, víctima del famoso proceso 1.001 junto al resto de la cúpula de CCOO (Nicolás Sartorius, Miguel Ángel Zamora, Pedro Santiesteban, Eduardo Saborido, Francisco García Salve, Luis Fernández, Francisco Acosta, Juan Muñiz Zapico y Fernando Soto).

En las diversas estancias en la cárcel, Marcelino aprendía, además de a debatir, el significado de conceptos como plusvalía, capital, productividad, inversión, lucha de clases..., que luego manejaba airadamente en sus apasionados discursos. Para hacer menos frías y duras esas estancias en la cárcel, Josefina le tejía sus famosos jerseys, los marcelinos, que luego crearon todo un estilo en la transición. La democracia le devolvió la libertad y sacó de la clandestinidad a su sindicato, las CC OO, cofundado por él en 1960. Camacho exhibía, al menos, el carné nº 1.

En la mesa camilla un montón de cartas de todas las partes del mundo pendientes de contestar, carpetas, fotos y recuerdos. En las paredes, un poster con su figura y un cuadro pintado por él mismo, y en otra mesita, muy bien ordenado todo: fotocopias, recortes de periódicos extranjeros, telegramas, una foto con sus hijos e invitaciones de los sindicatos de EE UU para impartir las conferencias que se le prohibian en España. Al poco viajó a Boston con su fiel e inseparable Josefina.

Camacho se mostró durante toda la entrevista como un radical pacífico porque ni siquiera entonces era un extremista ni anidaba en él rencor alguno por el trato recibido. Era un claro partidario de la ruptura democrática sin violencias, tal vez estigmatizado por el alto precio pagado por la clase obrera a raíz de todo tipo de excesos en nuestra Guerra Civil y porque, a su juicio, los sindicatos históricos habían perdido el contacto con las masas. "El fraccionamiento sindical es el suicidio de la clase obrera en un país con un poder político y económico tan concentrados", afirmaba para fundamentar su idea de una gran central sindical única y plural, quizá pensando que la UGT era un sindicato de otra época.

"Debemos huir de portugalizaciones, se requieren soluciones a la española", me decía tras constatar al salir de la cárcel, menos represión y dureza aunque la misma falta de libertad, por lo que se inclinaba antes por un pacto político que por un pacto social. "Sin democracia no puede haber acuerdos sociales y los partidos políticos son necesarios para esa libertad, todos sin exclusiones", añadía, más como miembro del PCE que como fundador de las Comisiones Obreras, que ya infectaban el sindicalismo vertical oficial de la época.

"Las CC OO deben son democráticas porque - revelaba- en ellas hay catolicos, socialistas de Tierno Galván, carlistas, comunistas..." y propugnaba por aquel entonces un congreso sindical constituyente.

"El sindicalismo ha de ser de clase, de masas, democrático, independiente de los partidos y de los estados, tiene su fuerza en su número y debe ser de mono azul y bata blanca", me adelanta como idea plasmada en su libro "Charlas en la prisión", a punto de aparecer en enero de aquel año. 'Los pueblos quedan, las gentes pasan', insistía desde  un afán idealista que le dio a su identidad política ribetes ingenuos que lo hicieron especialmente querido.

Insistía, una y otra vez, en la necesidad de una Confederación Sindical plural, descentralizada, proporcional, respetuosa con todas las tendencias integradas y decisiones democráticas "con mayorías cualificadas de 2/3 ó 3/4" porque, a su juicio, el sindicalismo unitario no tenía nada que ver con el pluralismo político de los obreros.

Camacho se declaraba sin ambages partidario de una ruptura política para pasar del totalitarismo a la democracia. "Pero pacífica, como en un país civilizado". Y ahí le hice una pregunta clave que, por su respuesta, explica su posterior sintonía con el rey y La Zarzuela.

"Personalmente prefiero la República porque garantiza mejor las libertades democráticas. Pero hay excepciones. Hay repúblicas como la de Salazar y monarquías como la sueca. Aquí debiera pronunciarse el pueblo español libremente sobre ésto. Yo respetaría la voluntad de la mayoría. Para ser operativo ha de manifestarse organizado, unido y con conciencia de su misión histórica".

Al final, hice un balance de percepciones sobre el entrevistado y llegué a varias conclusiones: me pareció un hombre cabal, idealista hasta el extremo, sin rencor hacia sus carceleros, con esperanza fundada, positivo por proactivo, de buena sombra, siempre convencido de lo que decía y hacía en defensa de unas causas que consideraba justas, y que entregaba con generosidad una energía que nunca utilizaba para sí mismo sino para la defensa de los derechos de los otros. Parece que libertad, justicia social y paz resumen toda su acción.

Pronto te dabas cuenta de que Marcelino era un hombre bueno, vital, lleno de cordialidad, con una mirada sana, sin atisbo de maldad, que luchaba por unos ideales y que, sin él quererlo, se convirtió en una referencia de la izquierda por su espíritu combativo en defensa de los derechos de los trabajadores y en la lucha por sus derechos sociales.

Humano y honesto hasta la médula, ya en esa fecha era una referencia ética para la izquierda sociológica por una integridad personal enorme; Marcelino, hombre coherente y de compromiso, reunía a simple vista todas las virtudes cívicas al ser capaz de entender las ideas de los demás como hombre de bien, sin dejar de mantener fervor por sus ideales comunistas;   era ya en esa fecha reconocido como de lo mejor de la clase obrera y de la lucha por la igualdad en el estado del bienestar. No lo percibí en ningún momento como un forofo del llamado 'paraiso socialista'.

Sentí al despedirme, al filo del mediodía, que, tanto él como Josefina, eran buena gente, afable y sencilla, y Marcelino un castellano de ley. Pese a tener una de las casas más modestas entre las que he ido para hacer entrevistas en los últimos 40 años, sabían recibir a quien les visitaba. Su hogar era alegre y tenía alma. Con eso me quedé porque nunca más volví a verlos de cerca para poder hablar con ellos y comprobar que no habían cambiado. Pero sí leí su libro-testamento 'Confieso que he luchado'.

El 'Wi-Fi' que instala el Ayuntamiento en el municipio de Murcia lo es financiado con fondos del Gobierno central

MURCIA.- La Delegación del Gobierno en la Región de Murcia ha denunciado públicamente "una nueva muestra de deslealtad institucional del Equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Murcia con el Gobierno de España, al ocultar interesadamente que el proyecto de extensión de la red Wifi en el municipio de Murcia está siendo financiada en su totalidad por el Gobierno de España con 1,3 millones de euros con cargo al Plan E".

   La Delegación contestó de esta forma al Ayuntamiento de Murcia, que este miércoles anunció este servicio en rueda de prensa sin dar a conocer que el servicio ha sido financiado por el Gobierno de España.

   En este sentido, la Delegación ha recordado que "gracias a la financiación estatal, el Ayuntamiento de Murcia, ha percibido entre 2009 y 2010, más de 121 millones de euros para realizar 240 proyectos del Plan E en el municipio", y que esta financiación "ha permitido realizar obras e inversiones que de otro modo hubieran sido imposibles dada la situación de endeudamiento que tiene". 

   La Delegación añadió que "de la misma actitud, tratando de ocultar la financiación del Gobierno de España, también han hecho gala la alcaldesa del PP de Cartagena, Pilar Barreiro, y el primer edil de Lorca, francisco Jódar, al visitar o poner en funcionamiento obras del Plan E sin explicar a los ciudadanos de sus municipios que han sido pagadas íntegramente por el Gobierno del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, al que tanto critican".

   Por ejemplo, citó el caso de de la visita realizada el pasado martes por la alcaldesa de Cartagena a las obras de construcción del nuevo Centro Social y Cultural de El Algar, financiadas con el Plan E con 475.000 euros; o del alcalde de Lorca al poner en funcionamiento recientemente el Local Social de Río que supuso una inversión de 284.000 euros y el Centro Juvenil de Doña Inés por importe de 131.000 euros "sin informar en ningún momento con que financiación se realizaban ambas obras".

   La Delegación del Gobierno ha recordado que los Ayuntamientos de la Región "han recibido entre los años 2009 y 2010 del Gobierno Central financiación por importe de 400 millones de euros sólo con el Plan E, cantidad que no habían percibido de ningún Gobierno anterior". 

   Por tanto, recomendó que los ayuntamientos "deberían dedicarse a mejorar la gestión en sus municipios para corregir la deuda que han generado en lugar de criticar a Zapatero, ya que este ha sido el artífice de la mayor inyección extraordinaria de financiación que los municipios habían visto hasta ahora".