MADRID.- Durante los últimos días ha sido una noticia recurrente entre los medios
de comunicación. La amenaza de un huracán en el Mediterráneo ha
provocado la confusión y la alarma entre la población. ¿Qué es realmente
un medicane? ¿Hay que tener miedo?, se pregunta la web https://www.tiempo.com
Primero fue la gota fría, utilizada como un sinónimo de lluvias
torrenciales o catástrofe, tras el episodio de precipitaciones intensas
del 19-20 de octubre de 1982, conocido especialmente por la rotura de la
presa de Tous. Después, ya en este siglo, se puso de moda el uso del
término de ciclogénesis explosiva, que es una rápida profundización de
una borrasca, pero que tras el paso de Klaus se comenzó a usar de forma
indiscriminada, como si siempre fuese a suceder lo mismo que sucedió con
este ciclón extratropical, que dejó víctimas mortales en España. Y
ahora le ha llegado el turno a los conocidos como medicanes (Mediterranean hurricanes).
Durante
las últimas horas es noticia uno que se ha formado entre Italia y
Grecia, ésta última golpeada por las lluvias torrenciales durante los
últimos días. No parece casualidad que sea precisamente ahora cuando se
le está dando tanta importancia a un fenómeno relativamente habitual en
el Mediterráneo, ya que hay constancia de ellos desde las décadas de los 70-80 del pasado siglo,
gracias a las imágenes del satélite, por lo que ya están con nosotros
desde hace tiempo, otra cosa es que el ascenso de la temperatura de la
superficie del Mediterráneo pueda influir en que sean algo más
frecuentes o intensos. ¿Pero entonces, un medicane es un huracán?
Definitivamente, no.
El origen de los medicanes está
relacionado con el descuelgue de una Depresión Aislada en Niveles Altos
(DANA) sobre la cuenca mediterránea, que se desplaza muy
lentamente o permanece casi estática, con una cizalladura muy baja, que
ayuda al desarrollo de la convección. En un momento determinado, la baja
en altura se sitúa en la vertical de la baja en superficie.
Al
circular sobre aguas relativamente cálidas y con el desarrollo de la
convección, se produce una profundización de la baja en superficie,
mientras que la de altura se debilita. Este intercambio mar-aire, que
también es característico de los ciclones tropicales, posibilita la
aparición de un núcleo cálido en capas bajas, mientras que en capas medias permanece el aire frío, que diferencia a los medicanes de los huracanes.
Cuando las condiciones son favorables, esta pequeña baja se
desarrolla de una forma similar a la de los ciclones tropicales,
adoptando una forma característica: bandas nubosas en espiral, e incluso
en ocasiones aparece un ojo en el núcleo de la baja. Alrededor de este
ojo los vientos son intensos, debido al elevado gradiente barométrico.
Los vientos sostenidos pueden estar en torno a los 80 km/h, mientras que
las rachas pueden superar los 140 km/h en los casos más extremos,
similares a la intensidad de una tormenta tropical.
Son datos a tener en cuenta, pero que no son comparables a los major hurricanes
(huracanes de categoría 3 o superior), donde los vientos sostenidos
son, como mínimo, de casi 180 km/h. Precisamente, en los medios de
comunicación se están poniendo imágenes de estos monstruos tropicales
para encabezar la noticia del medicane, algo que sólo provoca confusión y
alarma innecesarios a la población.
No es lo que nos debe preocupar más
En
definitiva, los medicanes no son huracanes tropicales. Aunque comparta
algunos rasgos con ellos, su origen está en la circulación del oeste,
con bajas desprendidas en altura que presentan un débil reflejo en
superficie, que es la que se desarrollará a posteriori si hay una serie
de condiciones, y además sigue manteniendo el núcleo frío en niveles
medios. Tampoco es un fenómeno que sea nuevo, ya que tenemos imágenes
satelitales de ellos desde hace décadas (algunos han afectado a España).
Aunque el Centro Nacional de Huracanes los siguiera durante un tiempo como tormentas tropicales, a los medicanes habría que considerarlos como ciclones híbridos o Tropical-Like Mediterranean Storm, es decir, tormentas parecidas a las tropicales en el Mediterráneo, pero que no lo son.
Por
último, resulta preocupante ver que se le da más importancia a la
probable génesis de estos ciclones híbridos que a las causas de las
riadas de los últimos días en Grecia, donde las pendientes y la
ocupación indebida de los cauces y zonas inundables amplifican los
efectos de las crecidas relámpago. Y esto es un problema real y algo que
nos afecta a todos, ya que en nuestro país tenemos una situación
similar. Pero vamos a seguir preocupándonos por el medicane.