Con las concentraciones de este viernes por la noche y mañana sábado en la plaça Sant Jaume, convocadas por diferentes entidades independentistas, se puede decir que empiezan los actos que quieren recordar el referéndum del 1 de octubre y que se celebrarán de manera descentralizada durante el fin de semana en muchos municipios de Catalunya. 

Muchos de estos actos tendrán lugar donde se abrieron los colegios electorales hace un año. Un día que transcurrió en un clima de gran civismo ciudadano y que la violenta intervención policial trasformó lo que era una pacífica y muy destacada asistencia a las urnas en una jornada con más de un millar de personas que necesitaron asistencia sanitaria. 

El lunes 1 de octubre habrá, entre otros actos, una manifestación que se dirigirá desde el centro de la ciudad de Barcelona al Parc de la Ciutadella, sede del Parlament de Catalunya. Además, el Govern, con el president Quim Torra a la cabeza, se reunirá en Sant Julià de Ramis, en Girona, población donde tenía que votar el president Carles Puigdemont.

Muchas cosas han sucedido desde aquel 1 de octubre que está muy vivo en el recuerdo de millones de personas y que ha marcado para siempre a una generación de catalanes. El triunfo de las urnas, la masiva asistencia, la emoción de tanta gente, desembocó en una severa derrota, en una humillación sin parangón del gobierno español que había proclamado reiteradamente que el referéndum no se celebraría. 

El independentismo, que ocupa desde el año 2012 el carril central de la vida política catalana, demostró en aquella jornada que podía saltar obstáculos que hasta entonces había considerado inalcanzables. Es normal, por tanto, que con todos sus matices y desde puntos de vista diferentes y plurales quiera recordar y celebrar aquella efeméride. Y hacerlo, como siempre, con el civismo en que se ha expresado en todas las circunstancias, por difíciles que hayan sido, y huyendo de provocaciones.

El hecho de que se celebre también en Barcelona este sábado una manifestación de homenaje a los policías que actuaron contra el pueblo de Catalunya el 1 de octubre, convocada por el sindicato de policías y guardias civiles Jusapol, es toda una provocación. ¿Cómo se puede celebrar en la calle una vulneración tan masiva de los derechos de ciudadanos de Catalunya y una actuación policial tan exageradamente desproporcionada que ha supuesto una condena internacional? 

Muchas asociaciones de juristas han pedido la suspensión de la manifestación policial a Interior, sin éxito hasta la fecha. Hay que esperar que, a la vista de antecedentes recientes en concentraciones de esta naturaleza, el dispositivo de Mossos d'Esquadra evite cualquier incidente. La manifestación en la calle es un derecho legítimo pero la provocación y la violencia que han practicado los colectivos ultras en los últimos meses no debe formar parte del paisaje de las calles catalanas.


(*) Periodista y ex director de La Vanguardia