viernes, 26 de agosto de 2016

Cueva de ladrones / Guillermo Herrera *

“La mitad de la Humanidad se levanta todos los días pensando en cómo estafar a la otra mitad” como dice Alberto Canosa. O dicho de otro modo, “la única certeza que hay en la vida es que siempre hay alguien que nos engaña”.

¿Cómo es posible que la Humanidad haya perdido su nobleza y se haya convertido en una caricatura de sí misma? Una respuesta superficial sería la necesidad, pero también se me ocurre otra más profunda: que hemos sido engañados por fuerzas oscuras para convertirnos en lo que somos.

Según el diccionario de la RAE, robar es tomar para sí lo ajeno, o hurtar de cualquier modo que sea. El robo es un delito contra el patrimonio, consistente en apoderarse de bienes ajenos, empleando para ello la mentira, la intimidación o la violencia. Son precisamente estas dos modalidades de ejecución de la conducta las que la diferencia del hurto, que exige únicamente el acto de apoderamiento. Consiste el delito de hurto en el apoderamiento ilegítimo de una cosa mueble ajena que, a diferencia del robo, es realizado sin fuerza en las cosas, ni violencia o intimidación en las personas.

España

¿Y qué decir de la corrupción política? España se ha convertido en una cueva de ladrones y lo peor de todo es que la gente sigue votando a los mismos corruptos, lo que ha producido un coste social de diez millones de pobres. Por muy democrático que esto sea, no deja de ser una degeneración ética de las masas. Es como decir, “tenemos lo que nos merecemos”. No, nadie se merece tener un ladrón que le chupe la sangre, pero la estupidez humana no tiene límites como dijo Einstein.

En el cine español también pueden encontrarse ejemplos de películas que giran alrededor de la corrupción o la incluyen como elemento importante en sus tramas. Un par de ejemplos son El diputado (1.978) de Eloy de la Iglesia, en la que la ultraderecha de la transición lanza una trama para acabar con la carrera política de un brillante candidato de la izquierda; o La escopeta nacional (1.978) de Luis García Berlanga, sobre un empresario catalán de porteros electrónicos que decide organizar una cacería en Madrid para hacer contactos dentro de una corte franquista de lo más surrealista.

La corrupción produce desconfianza en los partidos políticos, en los dirigentes políticos y en la mayor parte de instituciones públicas. Conduce a mucha gente a adoptar estrategias menos cooperativas y fomenta la deserción con el objeto de no ser explotado por personas pertenecientes a redes corruptas. Como consecuencia de lo anterior, se genera abstención y pérdida del interés por la política, por períodos prolongados. Eso sí, ocasionalmente, aparecen movimientos de protesta que tratan de confrontarse con el poder político, y generan inestabilidad política y represión política o policial.

Transparencia versus corrupción

Se entiende por corrupción la acción o inacción de una o varias personas que manipulan los medios públicos en beneficio propio y/o ajeno, tergiversando los fines del mismo en perjuicio del conjunto de la ciudadanía a la que debían servir y beneficiar.

La corrupción política se refiere al mal uso del poder público para conseguir una ventaja ilegítima, generalmente de forma secreta y privada. El término opuesto a corrupción política es transparencia. Por esta razón se puede hablar del nivel de corrupción o de transparencia de un Estado.

Todos los tipos de gobierno son susceptibles de corrupción política. Las formas de corrupción varían, pero las más comunes son el uso ilegítimo de información privilegiada y el patrocinio; además de los sobornos, el tráfico de influencias, las extorsiones, los fraudes, la malversación, la prevaricación, el caciquismo, el compadrazgo, la cooptación, el nepotismo, la impunidad, y el despotismo. 

Además, la corrupción facilita a menudo otro tipo de hechos criminales como el narcotráfico, el lavado de dinero, y la prostitución ilegal; aunque no se restringe a estos crímenes organizados, y no siempre apoya o protege otros crímenes.

Educar en valores

Según Max Weber, puede decirse que la gran diferencia entre el ejercicio del poder por el antiguo régimen y el mundo democrático, es que en el antiguo régimen ese ejercicio era marcadamente patrimonialista. Sin embargo, en los regímenes democráticos, al recaer la soberanía en el pueblo, el ejercicio del poder tiene que responder ante la nación.

Sin embargo, los lazos familiares o de amistad aún perduran con más presencia conforme se desciende en la pirámide burocrática.
La clave para frenar la corrupción posiblemente se encuentre en el fortalecimiento del tejido social-institucional. En este sentido la educación en valores puede llegar a ser uno de los pilares, así como procedimientos menos abiertos y más transparentes en relación al manejo del dinero y a la implementación de las transacciones financieras, incluyendo por cierto el uso del llamado dinero telemático o dinero digital, o sea el uso de especies dinerarias electrónicas y nominativas, sin base material anónima, y que permita el cómodo seguimiento de largas cadenas de transacciones.


(*) Periodista