martes, 16 de julio de 2019

El último brote de la peste porcina africana hace estragos en Asia

HONG-KONG.- A la peste porcina africana la han catalogado como la “mayor pandemia animal del planeta”, y no es para menos. Cerdo que la coge, cerdo que muere. No hay vacuna que la prevenga ni cura que la sane. El virus, inofensivo para los humanos, es altamente contagioso entre los gorrinos, por lo que la solución más factible es sacrificar a todos los ejemplares susceptibles de haberlo contraído. Por si fuera poco, es altamente resistente en diferentes estados, lo que facilita su rápida extensión por vastos territorios. Una auténtica pesadilla para autoridades y ganaderos, recuerda el corresponsal del diario catalán La Vanguardia.

Aunque originario de África, el último brote está haciendo estragos en Asia. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) de la pasada semana, en la región se han sacrificado más de 3,7 millones de cerdos desde que se detectó en China en agosto del año pasado. 
“El mundo nunca se ha enfrentado a una epidemia tan peligrosa, difícil, compleja y cara como esta”, resumió recientemente el ministro vietnamita de Agricultura, Nguyen Xuan Cuon.
Hasta la fecha, su país es el más afectado, con más de 2,6 millones de tocinos muertos, un 10% de su cabaña total. Le sigue China, donde han matado 1,1 millones. También se han registrado episodios más pequeños en Hong Kong, Camboya, Laos, Mongolia y Corea del Norte. 
Otros, como Tailandia, Malasia o Corea del Sur, extreman las precauciones para evitar su entrada, mientras los afectados luchan por poner coto a la expansión de la peste.
Pero está demostrado que eso no es tarea sencilla. Muchas de las granjas en Vietnam o China son pequeños negocios familiares en los que andan escasos de recursos para implantar medidas de control y desinfección. 
Además, los ganaderos se muestran esquivos a la hora de informar de la detección de algún caso en sus piaras, ya que esto acarrea el sacrificio de toda su cabaña (con las pérdidas económicas que eso conlleva). 
Para evitarlo, las autoridades han optado por la zanahoria y el palo: compensaciones por cada ejemplar muerto o subvenciones para la compra de nuevos animales en algunos casos; duras sanciones para los que no informen de los brotes detectados en otros.
Aunque Vietnam se lleva la palma en el número de ejemplares sacrificados, la principal fuente de preocupación para los analistas es China. 
Aquí, el cerdo es el producto cárnico más consumido con diferencia y fuente principal de proteínas para una población de casi 1.400 millones de personas. Eso lo convierte en un asunto de Estado, hasta el punto de contar con la única reserva estratégica nacional del mundo de este producto (estimada entre 100.000 y 200.000 toneladas de carne congelada). Para saciar sus necesidades, el país sacrificó para su consumo unos 700 millones de cerdos el año pasado (cerca del 50% mundial). Pero este ejercicio, pese a que el Ministerio de Agricultura chino aseguró hace días que el brote de peste está controlado, no llegarán a esa cifra, y ya advirtieron que la oferta nacional se contraerá. 
En abril, la entidad financiera Rabobank ya estimó que la producción china podría reducirse entre 150 y 200 millones de cabezas, un tercio del total.
Los efectos de esta situación ya se han dejado sentir en los mercados. A nivel global, el precio de la carne de cerdo ha subido en torno a un 40% interanual, con diferentes estimaciones apuntando a que seguirá creciendo durante los próximos meses conforme aumentan las exportaciones a China (que en mayo fueron un 63% más). 
“Si la situación de la enfermedad se escapa del control, la carne de cerdo podría alcanzar precios antes nunca vistos”, auguró el analista Jean-Paul Simier. Tampoco se descarta que provoque un aumento de la inflación en los países más afectados y un encarecimiento del resto de las carnes, llamadas a cubrir el vacío dejado por el descenso de la producción de porcino. 
“Es probable que el brote de peste porcina africana en el este de Asia tenga un impacto notable en los mercados de carne y piensos de todo el mundo”, corroboró en su informe la FAO.

Zaplana acude a 'La Fe' para un tratamiento contra su enfermedad

VALENCIA.- El ex ministro de Trabajo y ex presidente de la Generalitat, Eduardo Zaplana, acudió ayer a su cita periódica en el área de Oncología del Hospital La Fe para someterse al tratamiento que sigue desde que se sometió a un trasplante de médula hace cuatro años, tras sufrir leucemia.

Zaplana debe acudir de forma casi semanal al hospital de referencia para el seguimiento clínico de su patología. Durante dos horas se le aplicó la fotoféresis extracorpórea como tratamiento alternativo para la enfermedad injerto contra huésped posterior al trasplante de células madre hematopoyéticas.
Según fuentes médicas, el ex ministro debe aplicarse pruebas de forma constante contra la cronicidad de su enfermedad que afecta especialmente a piel, intestinos, tendones, articulaciones e hígado. 
Las mismas fuentes describieron que es habitual que algunas semanas «deba acudir dos o tres veces para mantener cierta calidad de vida».
Se debe recordar que Zaplana estuvo ingresado durante casi tres meses en La Fe con un tratamiento prolongado para evitar ser expuesto a cualquier infección que podría haber complicado su estado y convertirse en letal.

Más allá de la pelea de gallos / Enric Juliana *

Frans Timmermans dijo: “Hace falta una nueva alianza en Europa que vaya de Macron a Tsipras”. El líder socialdemócratas holandés se refería a la conjunción de fuerzas que podían dar apoyo a su candidatura a la presidencia de la Comisión Europea.

Con el viento del 26 de mayo a favor, Pedro Sánchez hizo su propia interpretación de la partitura Timmermans: pactó con el presidente de la Re­pública Francesa en la famosa cena de París, con emoción, con ganas, con deseos de pisar fuerte, y miró con conmi­seración a Tsipras, que estaba a punto de perder las elec­ciones nacionales en Grecia.

Sánchez pactó con Macron para forjar una nueva alianza en la Unión Europea y también para presionar a Albert Rivera de cara a la investidura española. Los franceses hicieron su trabajo. Durante las primeras semanas de junio, aviones Mirage efectuaron varios vuelos rasantes sobre las tertulias de Madrid. Sánchez siguió mirando con cara de pena a Alexis Tsipras, quien, efectivamente, perdió las elecciones griegas. Las perdió con honor, pero las perdió. También perdió Timmermans. 

La presidencia de la Comisión Europea puede ser finalmente para la conservadora alemana Ursula Gertrud von der Leyen, cuya candidatura se somete al Parlamento Europeo. Por el momento el único ganador es Emmanuel Macron, que se ha asegurado que el Banco Central Europeo hable francés.

Hay que tener presente siempre el cuadro europeo para entender mejor la brega de estos días en España; al menos para intentar darle un sentido narrativo que vaya más allá de la pelea de gallos o de la partida de mus. Ya saben: el órdago, obsesiva horma mental del pensamiento táctico español.

La derrota de Tsipras –con honor– dibuja la parábola descendente de los movimientos sociopolíticos que hace cinco años emergieron en diversos países para cuestionar la política de austeridad. El acto público más potente que ha llevado a cabo Podemos durante toda su existencia fue una masiva concentración en la Puerta del Sol de Madrid, el 31 de enero del 2015. 

En aquella impactante Marcha por el Cambio ondearon decenas de banderas griegas en señal de resistencia al Directorio Europeo. Cuatro años después, la parábola es perfectamente visible. Hace diez días, Pablo Iglesias tuvo el decoro de enviar un mensaje de apoyo público a Tsipras, cuando ya estaba claro que Syriza iba a perder las elecciones. Una derrota que podía haber sido muy humillante y que al final se saldó con un resultado honroso. No es fácil estar al lado de los perdedores, sobre todo cuando su derrota te incumbe.

“De Macron a Tsipras”, dijo el holandés Timmermans. No es ese el dibujo real del bloque de poder europeo que surge de la primera digestión del 26 de mayo. “De Macron al técnico independiente que un día votó a Tsipras”, ha escrito Sánchez en su partitura. “De Macron a Errejón”, sueñan, entre suspiros, los progresistas hipster de Madrid. Un gobierno con Podemos en el interior del cuarto de máquinas sería una corrección postrera del resultado griego.

No todo es mus y pelea de gallos en la política española. Sánchez también envió ayer un mensaje a Bruselas.

Un poco más de contexto, por favor.


(*) Periodista y director adjunto de La Vanguardia




Populismo y extrema derecha generan en Bruselas y Madrid un problema de gobernanza / José Hervás *

La de­cep­cio­nante com­pa­re­cencia ante el Parlamento Europeo de Ursula Von der Leyen, as­pi­rante ale­mana a la pre­si­dencia de la Comisión Europea, cuya can­di­da­tura debe vo­tarse este mar­tes, pro­voca una im­por­tante in­cer­ti­dumbre sobre el fu­turo de la Unión Europea. 

Eurodiputados españoles admiten una gran similitud de la situación con lo que sucede en España. En nuestro caso, tanto para poder elegir al Gobierno de la nación como al de Comunidades Autónomas como Madrid y Murcia.

Salvando las distancias, la ideología de los partidos que deberán apoyar a uno y otros gobiernos están en la misma honda.

Si la elegida por acuerdo del Consejo Europeo fuera rechazada por el Parlamento, el Consejo tendría que volver a presentar un nuevo candidato y entraría en cuestión el resto de candidatos propuestos por el Consejo, incluido el español Josep Borrell, que ha sido designado como Alto Representante de la Política Exterior y vicepresidente de la Comisión Europea.

La situación es tan incierta que desde el Partido Popular Europeo llevan días pidiendo responsabilidad a sus colegas del Partido de los Socialistas Europeos para que no se produzca una situación que podría llevar a las instituciones a una catástrofe.

Si los socialistas no la apoyan, conducirán la situación a un difícil callejón cuyas dos soluciones es a cual peor: que no salga elegida como presidenta de la Comisión o que tenga que serlo con el apoyo de los nacionalistas y de la extrema derecha.

A 24 horas del debate de investidura todo son lamentaciones entre muchos europarlamentarios. Su propuesta por parte de la Cumbre Europea supuso una sorpresa. Es una desconocida en el ámbito comunitario y no es muy apreciada en Alemania. Un sondeo de la pasada semana para la cadena de televisión ARD mostraba que el 56% de los alemanes considera que lo va a hacer mal como presidenta de la Comisión Europea. Sólo el 33% la considera una buena candidata.

Llega a Bruselas con los recelos de haber plagiado en su tesis doctoral y su contestada gestión al frente del Ministerio de Defensa está siendo investigada por el parlamento alemán por haber adjudicado a dedo contratos y haber permitido sobrecostes pese a haber permitido importantes deficiencias de equipamiento en el ejército.

Entre las empresas beneficiarias está McKinsey, la consultora donde trabaja uno de sus siete hijos, que se habría beneficiado de un contrato a dedo de la propia candidata. ¡Cuantas similitudes con la situación en España!

Para comprender que Von der Leyen va a tener dificultades para ser nombrada, solo hace falta mirar los resultados obtenidos por el candidato socialista a la presidencia del Parlamento Europeo, David María Sassoli.

Aunque los grupos que se pusieron de acuerdo para apoyarle suman 442 votos, Sassoli solo pudo salir en segunda votación y por 345 votos, casi 100 menos de los que decían apoyarle.
Entre los expertos constitucionalistas europeos, como Wolfgang Munchau, plantean que la situación genera un muy grave problema de cara al futuro de la legitimidad democrática europea. O esta legitimidad democrática se debilita al tener que salir elegida apoyada por la extrema derecha o puede presidir la Comisión Europea más débil de la historia.

Eurodiputados españoles conservadores restan importancia a que tenga que salir apoyada por representantes de los partidos autoritarios de Hungría y Polonia y se preguntan si no tienen una historia más reprochable sobre sus espaldas los partidos de la extrema izquierda herederos de los partidos comunistas de las antiguas colonias de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Si a todas estas similitudes le añadimos la presión que los nacionalistas catalanes junto al partido de Pablo Iglesias, Unidas Podemos, incluyen en su reivindicación anticonstitucional de celebrar un referéndum de independencia, no podemos decir que la situación sea mucho más sencilla en España.


(*) Periodista