sábado, 6 de agosto de 2016

El cisco del PSOE / Melchor Miralles *

Viven en un cisco permanente que parece no tener salida. Hablo con tres dirigentes de Ferraz y me quedo con la impresión de que tiene difícil salida, y que en la caída pueden arrastrar a muchos. Ahora un grupo de militantes, inspirados por el jefe, se marcan una petición en Change.org

“Militantes, votantes y simpatizantes en general del PSOE pedimos a los medios de comunicación como televisiones, periódicos, algunos barones y ex presidentes, que aunque les respetamos, tengan más respeto hacia nosotros y hacia nuestro secretario general, por el acoso y derribo que lleva últimamente. Nosotros los socialistas estamos con Pedro en el NO a la abstención, y él NO es NO a Rajoy. Un saludo”. Y están recogiendo firmas. Llevan 538 cuando escribo desde el andén.

Al margen de que es para nota lo mal redactada que está la petición, me admira la facilidad con la que tanto personal habla en nombre de todos. No sucede solo en el PSOE. Y el cisco el el que andan metidos todos en el PSOE desde hace tiempo les lleva a ver campañas y conspiraciones y a dirigirse a la prensa y a los socialistas críticos reclamando que no se expresen libremente. Han perdido el norte.

Una joven veterana me comenta: “Desde Ferraz mezclan el No es NO con el apoyo a Pedro y aprovechan el viaje para atacar a Susana. Que asco dan”. Así de claro. Cruz de navajas por el futuro de un partido más que centenario, en el que Pedro Sánchez naufraga y se muestra implacable en el desatino. Descentrado, nervioso, inquieto, sin brújula, Pedro Sánchez traslada la impresión de que cambia cada día de parecer, aseteado por tierra mar y aire por su gente para que de una vez por todas evite que vayamos a unas terceras elecciones en las que el desastre puede ser mortal de necesidad.

Tras Felipe González, varios ex presidentes autonómicos, otros actualmente al frente de Comunidades Autónomas y no pocos dirigentes de todo signo, ahora sale el ex presidente Rodríguez Zapatero, que reclama un debate interno en serio sobre la necesidad de que el PSOE se abstenga para hacer posible la investidura de Rajoy y un mínimo de esperanza de que España salga del atolladero de la crisis política,económica, social e institucional que padecemos. Sánchez da la sensación de no tener prisa, y me recuerda a Zorba el griego cuando ve derrumbarse la presa y comienza a bailar el sirtaki mientras grita “que desastre más maravilloso”. Porque él, aunque cada día se presenta más tenso, envarado y nervioso, está encantado de haberse conocido.

No hay duda de que si el PSOE mantiene su no, habrá terceras elecciones. Porque a estas alturas parece descartado que Sánchez trate de formar un Ejecutivo con los independentistas catalanes y con los desaparecidos de Podemos, unidos o desunidos, pero de vacaciones.

Y llegados a este punto, en el PSOE sucede como en el PP tantos meses. Hay una responsabilidad ineludible del jefe, pero también tienen la suya tantos dirigentes que no ponen pie en pared y fuerzan al número uno a entrar en razón para evitar el desastre. Planteaba Pablo Sebastián que si no, Sánchez debería dimitir, “que es lo que debió hacer en la noche del 26-J tras su segunda derrota electoral”. Discrepo de nuestro director. 

Sánchez debió dimitir tras la flagrante derrota del 20-D, cuando cosechó el hasta entonces peor resultado de la historia del PSOE. Esa hubiera sido su obligación, eso es lo que habría hecho cualquier otro dirigente de un partido en cualquier democracia solvente. De haber actuado de ese modo no estaríamos todos ahora dónde estamos. Esto es lo que hay. Un cisco formidable en el PSOE cuyas consecuencias afectan seriamente a España.


(*) Periodista


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