miércoles, 27 de mayo de 2026

La chupeta y la guillotina / Adrián Ángel Viudes *

 

No conozco personalmente a doña Noelia Arroyo, alcaldesa de mi querida Cartagena, y de ella solo tengo ligeras referencias profesionales y ninguna personal. Sí he seguido de cerca el affaire de la moción de censura contra ella y debo decir que desde el principio me ha parecido un bodrio político, impropio de la gravedad institucional que merece la trimilenaria. 

Dejando para otro día las razones de este juicio, lo que hoy verdaderamente me llama la atención y me escandaliza a partes iguales es la estrategia que, según publican distintos medios regionales, pretende desplegar la señora Arroyo para abortar la moción que podría mandarla a su casa. 

La operación resulta tan burda como inquietante: cortar la cabeza política de quienes hasta ayer la sostenían y entregarla, como presente sacrificial, a los dos concejales que amenazan con desalojarla del sillón, poniendo fin al pequeño reino de poder, sinecuras y mamandurrias levantado en torno al Ayuntamiento.

 En mi larga vida política he contemplado maniobras de todos los colores, pero confieso que pocas veces he visto una tan torpe por descarnada: el problema ya no se limita a Cartagena ya que la cuestión trasciende la política municipal y alcanza directamente a quienes, desde arriba, deberían explicar si bendicen semejante escabechina.

 ¿Va a consentir Santiago Abascal que una mindundi política decapite a personas de su órbita para salvarse unas semanas más? ¿Ha dado Fernando López Miras el visto bueno a esta operación de supervivencia desesperada? 

Mucho me temo que los nervios de doña Noelia, viéndose ya fuera de la chupeta, le hayan jugado una mala pasada. Y a veces, en política, los errores nacidos del miedo son precisamente los que precipitan la caída.

 

(*) Ex presidente de la Autoridad Portuaria de Cartagena y de la CHS 

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