Dejando para otro día las razones de este juicio, lo que hoy verdaderamente me llama la atención y me escandaliza a partes iguales es la estrategia que, según publican distintos medios regionales, pretende desplegar la señora Arroyo para abortar la moción que podría mandarla a su casa.
La operación resulta tan burda como inquietante: cortar la cabeza política de quienes hasta ayer la sostenían y entregarla, como presente sacrificial, a los dos concejales que amenazan con desalojarla del sillón, poniendo fin al pequeño reino de poder, sinecuras y mamandurrias levantado en torno al Ayuntamiento.
En mi larga vida política he contemplado maniobras de todos los colores, pero confieso que pocas veces he visto una tan torpe por descarnada: el problema ya no se limita a Cartagena ya que la cuestión trasciende la política municipal y alcanza directamente a quienes, desde arriba, deberían explicar si bendicen semejante escabechina.
¿Va a consentir Santiago Abascal que una mindundi política decapite a personas de su órbita para salvarse unas semanas más? ¿Ha dado Fernando López Miras el visto bueno a esta operación de supervivencia desesperada?
Mucho me temo que los nervios de doña Noelia, viéndose ya fuera de la chupeta, le hayan jugado una mala pasada. Y a veces, en política, los errores nacidos del miedo son precisamente los que precipitan la caída.
(*) Ex presidente de la Autoridad Portuaria de Cartagena y de la CHS

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