Tiene gracia. El PSOE perdió las elecciones del 20D y, sin embargo, ocupa la centralidad política
en la jerigonza de Podemos. Es imprescindible en todos los pactos
posibles con mayoría absoluta; sin él, solo podría constituirse un
gobierno minoritario y siempre que él o Podemos se abstengan. El perejil
de todas las salsas.
Al
tiempo, el antiguo y venerable partido de Pablo Iglesias Posse, está en
uno de sus momentos más agitados y peligrosos en los últimos años.
Sánchez cuestionado; los barones intrigando y "termiteando"; Susana
Díaz, dándole a comer sapos, como Bette Davies daba ratas a Joan
Crawford en ¿Qué fue de Baby Jane?; el PSM, en estado de
semisublevación de mano de Tomás Gómez y Antonio Miguel Carmona, cada
vez más parecidos a una caricatura de don Quijote y Sancho; y la
militancia desmoralizada con una lucha a muerte entre los cuadros, a ver
quién convoca el próximo congreso (con intención de acabar con Sánchez)
en el momento más inoportuno.
Con
bastante buen sentido el PSOE rechaza la coalición con el PP porque, de
hacerse, ambos morirían abrazados, cayendo por un precipicio, como
Sherlock Holmes y Moriarty en la catarata de Reichenbach. Solo le queda
la posibilidad de una coalición de izquierda y a ello lo anima un sector de esta tendencia del partido, encabezada por Pérez Tapias,
recomendándole que vaya a Portugal, a preguntar al sociata
hermano Antonio Costa, cómo se hace eso de perder unas elecciones
y formar un gobierno con apoyo de los partidos de izquierda.
Es un mensaje como el que se daba a los jóvenes que querían abrirse camino en los Estados Unidos en el siglo XIX: Go West, young man!
La
hipotética coalición de izquierda necesitaría los 90 diputados del
PSOE, más los 42 de Podemos y los 27 subcontratados de sus taifas, más
los 2 de IU, más los 9 de ERC, más los 8 de CDC (aquí llamada
"Democracia y Libertad), aunque los dos de IU también sobran y, si
entran, es para que no se queden haciendo crucigramas en la cafetería.
Un gobierno compuesto o apoyado por una cantidad indeterminada de
partidos. Indeterminada ya que no está claro que todos los de las taifas
lo sean. Un mosaico prodigioso. Y, por si fuera poco, uno de ellos, el
más importante, Podemos, pone como condición el referéndum catalán, algo
que los barandas del PSOE no aceptan bajo ningún concepto, pues su idea
de España se acuñó en los tiempos del franquismo y ahí sigue.
Si
Podemos no retira el referéndum -cosa que no puede hacer porque en
Barcelona, Ada Colau no se lo permite- no habrá coalición. La
España profunda, representada aquí por El País y otros entes de progreso tampoco dejan al PSOE admitirlo.
So, go West, young Man! Además,
en realidad, a Podemos no le interesa retirar el referéndum. Entre
apoyar un gobierno del PSOE (justo el partido que quiere borrar de la
faz de la tierra) e ir a nuevas elecciones, prefiere lo segundo porque
piensa que pillan a los socialistas despellejándose y cree que puede
ganar.
En realidad, Rajoy ya está tan resignado a no formar gobierno que anda preparando las elecciones,
a las que quiere presentarse a ver si baja de los 100 diputados, como
Sánchez. Seguramente habrá comicios, aunque el de los sobresueldos
querrá prolongar sus funciones cuanto pueda porque así se ahorra los
urillos que, de otro modo, tendría que pagar por las atenciones a su
padre, dependiente. Si tal cosa sucediera, los partidos de izquierda,
PSOE, Podemos, IU, ERC, etc., podían aprovechar el tiempo pasando a
derogar las leyes más estúpidas, arbitrarias y reaccionarias de este
gobierno de insufribles carcundas: la LOMCE, la Ley Mordaza y la reforma
laboral, ya y en su totalidad.
Será
un placer si el mismo congreso que aprobó esos disparates, los borra
del mundo. Un placer ver las caras de estos reaccionarios tragando que
sus barbaridades y abusos legislativos van directamente al cubo de la
basura, que es en donde debían estar desde el principio.
Si las izquierdas consiguen pasar esta prueba de fuego, a lo mejor también pueden hacer una coalición.
(*) Catedrático emérito de Ciencia Política en la UNED
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